Notre Dame
Corre el año de 1482 en París, la Santa Inquisición se encuentra en apogeo debido a que gran parte de la península ibérica ha sido dominada por árabes. Las persecuciones han ido en aumento debido a la gran cantidad de gitanos que han emigrado a París, huyendo de la caza de otras regiones europeas.

En España se ha desatado una masacre antijudía por edicto real, todo aquél judío que no esté dispuesto a convertirse al cristianismo, será ejecutado. El establecimiento de una unidad religiosa ha sumado al clero para trabajar junto a la inquisición con la finalidad de erradicar las sectas, la herejía y las prácticas mágicas, así como cualquier otro sacrilegio que atente en contra de la Corona.

El Tribunal del Santo Oficio le ha otorgado a el Ministro Alexander Armengaud control total sobre las actividades eclesiásticas e inquisitoriales, él es el encargado de perpetuar los intereses de la Corona haciendo cumplir los edictos por medio de los crueles hombres a su cargo.

El pueblo parisino se encuentra dividido; por una parte está aquél sector que simpatiza con los gitanos y desea ayudarlos; y por otra parte están aquellos que los consideran una amenaza porque consumen demasiados recursos y como una plaga se propagan cometiendo actos sacrílegos a diestra y siniestra. El único sitio seguro de París que queda respetuosamente fuera del alcance de la inquisición es la catedral de Notre Dame, en la que se recibe y protege a toda persona que así lo solicite.

El líder gitano Adrien Trouillefou se ha encargado de triplicar el número de gitanos tan sólo dentro de la región parisina, es el epítome de la desobediencia civil y de la ilegalidad, los gitanos se han convertido en una plaga difícil de erradicar para la autoridad debido a su proceder clandestino y a que cuentan con aliados vitales para poder subsistir.

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Gran lío, pequeña Armengaud... (Alexander, Dion, Sophie)

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Gran lío, pequeña Armengaud... (Alexander, Dion, Sophie)

Mensaje por Alexander L. Armengaud el Sáb Jul 27, 2013 11:20 pm

Era de mañana en la mansión Armengaud,  Dion se había levantado  temprano para mirar el amanecer, había un cuadro que llevaba un par de semanas trabajando en un cuadro que por alguna extraña razón no podía terminar. Se llevó media mañana en ello, por lo que cuando les prepararon el desayuno, él principalmente subió a despertar a Alexander, no solía estar de muy buen humor por las mañanas, así que no torturaría demasiado a los empleados.  Entró a la habitación intentando hacer el menor ruido posible y cerró la puerta tras de sí, comenzó a correr la enorme cortina de terciopelo para que la luz natural despertara a su adorado castaño.
Mientras tanto, en la puerta, había un comunicado urgente y un par de visitas esperando por Alexander.


Alexander estaba tirado durmiendo, no era nada estético que lo supiera la gente pero roncaba como un oso cuando dormía profundamente. Estaba de lado aferrando una almohada en vista de que Dion le había abandonado del lecho temprano. Al escuchar la puerta se movió un poco pero al sentir la luz hiriendo sus ojos se ocultó entre las almohadas -No...- Musitó apenas audible.

-Vamos Alex, es tarde...- Le dijo mientras terminaba de correr las cortinas y se acercaba a la cama para hablarle. -Puedo pedir que te suban el desayuno si es que no quieres bajar, pero ya debes despertarte...- No podía llegar tarde al tribunal por mucho que quisiera dejarlo dormir, con lo bello que se veía durmiendo.

Gruñó molesto y abrió un ojo para observarlo, la luz del sol era cubierta por el ojiverde dándole esa adorada apariencia celestial por lo que estiró un brazo para lanzar lejos la almohada y abrazarlo a él -Ven... duerme un rato- Le dijo acomodándose mejor a su lado.

Dion se removió un poco por el agarre, pero no se molestó en intentar soltarse, el hecho de que el otro lo utilizara como almohada humana  seguía agradándole... y es que a Alexander generalmente le costaba trabajo levantarse, eso no era nada nuevo. -No puedo, es tarde... y tú tampoco puedes si es que quieres llegar al tribunal...- Le dijo muy cerca con una pequeña reprimenda.

-Qué aburrido, mejor forniquemos...- Musitó divertido de lo que el otro pudiera contestar, ya sabía que no era buena idea tentarlo y mucho menos hacerle ese tipo de bromas de mal gusto a tales horas pero la verdad es que jugar así de vez en cuando era señal de que se había levantado de buenas por gracia bondadosa de algún dios, le aferró un poco más a él colando su nariz entre los cabellos ajenos, no sabía cómo lo hacía pero siempre olía tan bien...

Dion se sonrojó ante el comentario tan poco sutil del otro, frunció el ceño algo indignado. -¿Es que no piensas en otra cosa?...por todos los dioses- Le dijo algo abochornado mirando hacia otra parte como negándose al hecho de que su cuerpo no quería moverse, Alexander era irresistible a cualquier hora del día y bajo cualquier situación. Llamaron a la puerta de la habitación un par de veces, tenía que ser algo importante, pues había órdenes estrictas de no molestar a Alexander por la mañana.

Alex se sentó molesto en la cama entonces y se levantó directo a mandar a volar al pobre insensato que se atreviera a perturbar su paz, apenas si se puso una bata para maltratar a la mucama pero justo antes de que le dijera cualquier cosa la chica aterrada de verlo se tapó los oídos y gritó algo así como: -¡Lo esperan allá abajo es sobre su hija!-

Entonces el semblante enfurecido de Alex inmediatamente se relajó pero su tono seguía severo -Hazles pasar, diles que esperen- E igual le cerró en la cara -Ahora entiendo- Desvió la mirada a la cama y se acercó -Voy a bañarme ¿Quieres que te enjuague esa pintura angelito?- Le dijo travieso acercándose a besar su oído, claro sin contar con que este hubiera escuchado los gritos aterrados de la chica.


Miró a Alexander atravesar la habitación, hecho una completa fiera, por lo que apenas y se sentó en la cama  abrazando un cojín color púrpura, la puerta estaba un poco retirada por lo que alcanzó a escuchar que la mujer gritaba, desconocía con exactitud el por qué... esta vez Alexander no le había gritado. -¿Que quería?...-Le preguntó extrañado dejando de lado por un momento su pregunta indecorosa. -Puedo traerte el desayuno en lo que lo haces...- Le dijo sonriendo un poco, pero si Dion bajaba notaría a las "visitas" que esperaban la llegada del castaño.

-Serías muy eficiente si pudieras bañarte y prepararme en desayuno pero ¿No puedo darme el lujo de bañarme contigo esta mañana?- Le preguntó arrodillándose frente a él sin dejar de mirarlo a los ojos -Te haces el difícil... más tarde eso te va a costar caro...- Le advirtió sonriéndole de lado para darle un beso en la mejilla -Si tu deseo es darme mi desayuno puedes hacerlo entonces, anda- Le animó apenas si soplándole un poco en el cuello para hacerlo estremecer.

Un delicioso escalofrío recorrió su cuerpo, desde la comisura de su cuello hasta la espalda baja, así de grave era su situación cada vez que Alex se le acercaba más de la cuenta, y por muy seguido que eso fuera, seguía desbaratándole en un sólo roce. Ronroneó un poco ante el gesto y no hizo más que acceder de inmediato, cediéndole la victoria como lo hacía siempre."Supongo que el desayuno puede esperar...". Pensó para después dedicarle una pequeña y encantadora sonrisa de complicidad mientras se abrazaba a su cuello y lo besaba ligeramente, al diablo el desayuno y lo demás...

Alexander amplió una sonrisa al ver esa carita -Sabía que no podrías pensarlo por mucho tiempo...- Le musitó acercándose a abrazarle, después se levantó y comenzó a desnudarse sin pudor alguno -Anda, se me hará tarde...- Caminó hacia el baño tranquilamente luciendo aquel cuerpo de tentación, esperaba que las sirvientas no entraran a entrometerse porque de verdad que comenzaba a pensar muy seriamente en hacer fosas en su jardín para ese tipo de mujeres locas. De todo gritaban, no podía comprender a las mujeres, eran muy complicadas o muy idiotas...
Dion miró al castaño tratando de mantener la compostura, cosa que le resultaba prácticamente imposible...a pesar de los años aún le avergonzaba quitarse la ropa frente a Alexander, lo siguió hasta el cuarto de baño fijando su verde mirada en la espalda ajena, mirando sus brazos fornidos y la piel pintada por algunos tatuajes, ¿Cómo no caer ante eso? Cerró la puerta tras de si mientras se desataba la pequeña coleta que sostenía sus cabellos cobrizos. Sería una magnífica mañana.
(...)


Ambos bajaron a desayunar después de un tiempo, una hora, quizá un poco más... Dion había perdido la noción del tiempo, había terminado de arreglarse y pasó por el corredor hasta las escaleras que daban hacia la estancia ¿Por qué había gente en su casa? Y aún más importante ¿Exactamente cuánto tiempo llevaban ahí?... Volteó a mirar a Alexander quien iba detrás de él.

Alexander venía mentalizado a atender aquellas personas, cómo molestaban... pero era mejor dejar un par de cosas en claro con ellos. Miró medio sospechoso a Dion, ¿Cómo explicarle aquello?... Era mejor no hacerlo -Dion, ¿Podrías prepararme el desayuno por favor?- Le pidió más que amable con tal de que este no escuchara la conversación que tendría con aquellas personas. Se acercó mirándoles severo -Buenos días. Siento la tardanza, ¿Qué es lo que desean?-

Miró a Alexander con algo de duda, quizá para eso había ido a buscarle la mucama hacía algunos momentos... pero tratándose de él no podía negarse, ya le preguntaría después. -Claro...-Dijo no muy conforme, no era momento de hacer una rabieta y menos delante de aquella ¿Cómo decirlo...gentuza? Se limitó a saludar de la manera más cortés con la que fue capaz antes de atravesar el enorme saló. -Buenos días, con su permiso...- Dijo haciendo una ligera seña con la mano para que las sirvientas lo siguieran, era obvio que Alexander quería privacidad y Dion necesitaba a alguien a quién torturar en la cocina, si planeaban tardarse aquellas chicas tendrían que atenderlos dignamente, por mucho que no le pareciera al ojiverde.

Alexander se sentó frente a ellos con seriedad, podía notar el miedo en las pupilas ajenas cosa a la que estaba acostumbrado hasta de más.

-Señor Armengaud…somos vecinos de Sophie. Y usted sabe lo que conlleva esto-

-¿Qué son algo entrometidos?- Preguntó con cierto sarcasmo -¿Qué quieren?- Presionó en la respuesta. –Lamento la impaciencia pero debo ir al tribunal temprano…- Repuso lo primero con aquella excusa.

-Resulta que Sophie murió ayer… tuvo un accidente con su padre y su tía. Al parecer la carreta en la que iban fue asaltada-

-Qué desgracia- Dijo sólo por agregar algo con lo que fingiera cierta empatía.

-La niña que se había quedado con su niñera en casa ahora está huérfana pues la señora no tenía más familia-

-Ah, ahora entiendo-

-Veníamos a entregarle estos papeles que le informarán mejor del asunto. Sucede que la niñera es sobrina nuestra y no puede hacerse cargo de la niña para siempre, alguien debe hacerse responsable y por lo que encontramos entre las cosas de esta mujer usted es el padre de la menor-

-Humm… ya, leeré esto y les informaré en cuanto pueda. La verdad es que he estado ocupado, pero si no contesto mañana mismo son libres de mandarle a un orfanato- Les dijo sin más. -¿Qué edad tiene la niña?- “Vaya, entonces fue niña… ¡Buena suerte he de tener hasta en eso!”
-Siete años, caballero-

-Bien, gracias- Dijo desviando la mirada como esperando que se largaran de una vez “Lo supuse… siete años ya…”

-Sin más, señor Armengaud esperamos su respuesta, debemos irnos ya-

-Afuera las espera una carroza, considérenlo una cortesía por hacerles esperar, pueden decirles a donde van y les llevará con gusto- Dijo con un ligero asentimiento de cabeza a lo que había dicho aquel hombre que pasaba de su atención. Al verles irse al fin se levantó como un resorte de la sala y comenzó a ahuyentar a todos los sirvientes de la mansión –¡Largo de aquí! ¡¡Y no quiero ni una maldita palabra de lo poco que hayan escuchado escorias!!- Les amenazaba desplazándose por la casa mirando como fiera enfurecida a quien se cruzara en su camino. –Dion, tenemos que hablar- Dijo finalmente al llegar a la cocina mirándole serio con sus orbes chocolate fijas. Sabía que no se iba a salvar del drama pero si actuaba porque sí le iría peor…


Dion entendía por qué Alexander le gritaba tanto a esas mujeres, y es que eran tan incompetentes que lo enfurecían, quizá era su presencia un tanto perfeccionista lo que las ponía nerviosas ¿Pero ni un simple desayuno podían hacer bien? Por todos los dioses, el ojiverde tendría que acabar cocinando. Escuchó los gritos de Alexander acercándose y ls mujeres huyeron despavoridas, incluso con las bandejas y crateras que llevaban en las manos, conocía el carácter del castaño, por lo que no las culpaba de eso. -¿Ya se fueron tus invitados?....-Inquirió con un tinte de sarcasmo. -Claro, ¿Quieres que te sirva de desayunar?...- Esperaba que ya pudieran sentarse a comer en forma o esas mujeres habían sido traumadas para nada...

-Si no se hubieran ido seguro que tendríamos que hacer un hueco en el jardín ¿cierto?- Le dijo sonriendo de lado relajándose un poco ante aquellas orbes verdes que tanto veneraba -Voy a matar a alguien en serio si no como- Respondió hábil y rápido a las palabras ajenas -Tenemos... es decir, tengo un problema que puede que te afecte- Dijo rebuscando en las palabras para no ir al grano, desvió la mirada mientras pasaba a sentarse a la mesa.

Dion lo miró de soslayo mientras comenzaba a servir la mesa, los cubiertos ya estaban puestos, por lo que sólo había que acomodar los platillos. -¿Qué pasa?... ¿Algo del tribunal?...-Preguntó como intuyendo que no era precisamente eso, pero era una manera de que el castaño comenzaba a explicarle lo que pasaba, presentía que no era algo precisamente bueno, últimamente las noticias no eran favorables, la fortuna seguía retándolos de una manera u otra. Tomó asiento una vez que estuvo todo listo y lo miró fijamente desde la silla que estaba frente a Alexander.

-No...- Dijo rápidamente y frunció los labios por un momento mientras pensaba como explicarse -La verdad es que yo violé a una chica hace siete años...ella venía de España, las personas que han venido a buscarme seguro que vienen de allí. Ella estaba obsesionada con que nos casáramos pero yo la rechacé de todas las maneras hasta que finalmente perdió el juicio y se alejó a su tierra. Vivía esperanzada con que algún día acudiría a casarme con ella y tuvo a la hija que le engendré criándola con la idea de que yo era alguien maravilloso. Todo iba bien hasta que... murió ayer y estas personas entrometidas vinieron a informarme, seguro que trajeron a la niña a París. Hace siete años...conocí a aquella chica y me acerqué a ella porque poseía los mismos ojos verdes que yo anhelaba... eran tan parecidos a los tuyos y...yo...- No pudo explicar más seguro que lo entendería ¿no? -Haré lo que me digas, si no quieres que la críe la enviarán a un orfanato. Mañana debo de dar respuesta de mi decisión, soy lo único que le queda...lo cual quizá sea un poco lamentable...-

Dion pestañeó un par de veces como intentanto procesar en su cabeza todo aquél incendio de información, cómo no estaba soñando, una pesadilla, eso tenía que ser. -¿D-dónde estaba yo?...-Preguntó como por inercia, recordaba vagamente el viaje del castaño hacía unos cuantos años, no sabía si indignarse, enfurecerse, gritarle.... exigirle una explicación... no tenía ni idea. Su amado Alex acostándose con alguna provinciana cualquiera y encima engendrando descendencia? Sentía que le daría un colapso ante todo aquello. -¿Por qué tengo que elegir yo si ...es...tu hija?- Dijo arrastrando las palabras mientras exigía que lo mirara a la cara, no necesitaba una disculpa, no sabía que necesitaba en ese momento.

-¡Porque... yo no sé que hacer!- Dijo rápidamente cubriéndose la cara con ambas manos para no estallar en maldiciones -¡¡Lo siento de verdad!!- Le gritó como exigiéndole que le perdonara, sonaba un tono enojado pero la verdad es que eran disculpas sinceras disfrazadas de exigencia. -¡Te extrañaba mucho! Y...¡y esa mujer!- Tomó aire con brusquedad -No se iba... y yo... tu sabes que no soy bueno en el autocontrol. Yo, yo lo intenté de verdad pero... no pude y aquel viaje comenzaba a hacerse muy largo...- Atropellaba las palabras y de repente frenaba bruscamente como ordenando las ideas para poder dar buenas excusas pero un hijo no era algo que fuera precisamente fácil de justificar -¡¡El sacerdocio es horrible!! Y yo era un militar, podía hacer lo que quería...agh! Olvídalo seguro ahora pensarás que soy un pobre estúpido...- Le dijo levantándose bruscamente y dándose la media vuelta bastante exasperado a decir verdad.

Dion comenzó a hiperventilar para intentar controlarse, si le daba uno de sus ataques de ira las cosas no se pondrían nada bonitas. Se levantó rápidamente de la mesa antes de que acabara con lo que de manera tan esmerada había preparado. -¡YO NO SÉ QUÉ HACER! ¡¿POR QUÉ ME LO OCULTASTE TANTO TIEMPO?!...-Le dijo gritándole algo exasperado tras él mientras le buscaba la mirada, ¿Qué se supondía que debía hacer? De ser por él la abandonaba en alguna frontera, pero las cosas no eran tan fáciles, el saber que llevaba la sangre del mismísimo Alexander hacía que se histerizara....-¿Qué más me has ocultado?...Necesito saber...- Le dijo volviendo a su tono mientras respiraba agitado.

Alexander bajó la mirada algo triste de haberle ocultado tal cosa -Lo siento mucho...- Le dijo sin poder mirarlo aún, pero ante la otra pregunta volteó violento a tomarle de los hombros bruscamente -¡No podría recordar ahora! Pero prometo contártelo!!- Le aseguró mirándole a los ojos -Sólo quiero que sepas que eres la persona que más amo en el mundo, lo más importante...- Recitó con devoción tomándole con fuerza de los hombros para que no dejara de mirarle, no sabía si le lastimaba pero es que temía tanto que le dejara solo, no volvería a ser él sin Dion...

Respiró profundo, las manos de Alexander presionaban fuertes sobre su cuerpo, no mentía... estaba dolido y bastante enojado, pero no era el momento para hacer más drama del que ya tenían, había que tomar cartas en el asunto...

-Tráela... diles a esas personas que te harás responsable...-Le dijo mirándolo a los ojos, si hacía siete años de el viaje, la niña debía tener esa edad, el orfanato no era una opción, de pequeño, antes de llegar a la mansión Armengaud, conoció a grandes rasgos lo que era uno... fuera quien fuese la mujer a la que había violado Alexander, estaba muerta... y no permitiría que una niña inocente padeciera un calvario de esos, mucho menos si era de su sangre, por muy bastarda que fuera.

-Supongo que llevará tu apellido...-Le dijo susurrando pero de manera bastante audible, es que aún no terminaba de creerlo, una niña, descendencia de los Armengaud, primogénita, el ojiverde se sentía en el limbo.


Le miró fijamente intentando sacar la respuesta de aquel universo verde pero al escucharle no pudo evitar pintar una sonrisa algo tonta en su rostro -Sí...- Contestó a lo del apellido, sería sumamente vergonsozo traerla y no darle apellido, era todo o nada. Suspiró aliviado y finalmente le abrazó contra él -Gracias...de verdad siento que tengas que pasar por esto...- Le musitó al oído.

Correspondió el abrazo sin mucho más que decir, estaba claro que lo hacía por que lo amaba más de la cuenta. -Está bien, lo arreglaremos...- Le dijo mientras acariciaba con una mano los cabellos cobrizos de su nuca. Por un momento se preguntó cómo era la niña, cuál era su nombre... si se parecía en algo a Alexander.

Alexander buscó besarle, era tan delicado y le amaba tanto... en esos momentos era cuando se daba cuenta la magnimidad de aquel sentimiento, su miedo a perderlo en ese momento podía enloquecerlo de seguir más de los minutos de tención por los que pasaba de vez en cuando en ese tipo de situaciones. Le besó apasionado, profundizando en aquella cavidad todo lo que pudo hasta escuchar un gemido del ojiverde enmedio del contacto. Se separó para mirarlo a los ojos tomando sus mejillas -Te amo...¿Lo sabes?...- Le musitó sin poder evitarlo -Cada día más...- Otro blando beso selló sus palabras.

Se dejó guiar por el contacto hasta que sintió que el aire les faltaba, ¿Cómo podía simplemente arreglarlo todo con un beso o con una mirada? Una simple caricia o un roce bastaban para hacerle saber que todo estaría bien, le infundía seguridad sin decirle una palabra.

Lo miró a los ojos y no pudo evitar ampliar una sonrisa mientras sus hermosos ojos verdes se llenaban de brillo, sólo Alexander podía hacer algo así, hacer que su corazón latiera tan fuerte.
-Lo sé... y sabes que yo también...-Le dijo un tanto falto de palabras, pero a decir verdad no se necesitaban.


Después de aquel derrame de cursilería se separó como si nada hubiera pasado y se sentó "tranquilamente" a desayunar -¡¡INÚTILES!! ¡¡SÍRVANME DE DESAYUNAR!!- Gritó él ya tan acostumbrado de maltratar a las criadas. Sería un largo día en el tribunal, todos estarían locos por su retardo. Pero antes que nada debía mandar aquella respuesta.

No pudo evitar reír un poco, pobres mujeres, las acababa de correr hacía unos instantes, entraron corriendo sin decir una palabra, acomodando todo en la cocina sin siquiera mirarlos, no fuera que Alexander se enojara más. Se sentó frente a él en el comedor, quizá estaba retrasado poco más de dos horas, lo del baño quizá había un poco predecible pero lo demás si escapaba de su completo control, era una lástima, los perros de la inquisición podrían esperar.

Al ver su risa sonrió tenuemente al mirarle -Creo que llegaré más tarde hoy, he perdido algo de tiempo y seguro que hoy tendré un montón de papeleo por ver, tendré que pedir a Amour que me eche una mano. Seguro que lo hará- Le dijo ya para cambiar un poco el tema. -Intentaré venir lo más temprano posible...lo prometo- Le dijo mirándole a los ojos para que le creyera. Debían hablar tal vez un poco más, discutir el nombre no estaría nada mal. Es decir, no le iba a dejar el apellido y nombre que le haya puesto su madre...

-Está bien...-Le dijo mirándolo para después tomar uno de sus cubiertos. -Quizá vaya a la catedral, con un poco de suerte el padre Robert no se meterá en mis asuntos- Le comentó con algo de sarcasmo, y es que sabía que eso era prácticamente imposible. -Pero pasaré toda la tarde aquí, dejé el caballete arriba, la primer parte se está secando...-Comentó para hablar de algo un poco menos...traumatizante, bebió un poco del agua que había en su copa y de dispuso a desayunar ya con más tranquilidad.

-¿Sí?- Intentó seguir la conversación pero ya había escupido mucho veneno aquel día como para quejarse de ese idiota de Robert (Apostaba una y mil cosas a que si se lo tiraba en la catedral seguro que hasta le gustaba... era pasivo eso ni dudarlo!) Al notar lo que estaba pensando desvió la mirada intentando pensar en otra cosa. Aquella tarde seguro que sólo estaría pensando en aquella niña que ni él mismo conocía.
(…)

Después de enviada la carta le fue respondido que se la llevarían a la mansión a primera hora de la mañana. No había podido dormir de las ansias de tener una cosa así en su casa... es decir ¡Ni mascotas tenía! ¿Qué iba a hacer con aquella niña?...


Dion no había dormido mucho desde que Alexander le comunicó la noticia de que llevarían a la pequeña al día siguiente, solía despertarse a ratos por las pesadillas que le atacaban, miraba dentro de sus sueños imágenes perversas y oscuras que sólo podían ser fruto de su imaginación que le estaba jugando una mala pasada.

A ratos miraba a Alexander cuando despertaba, estaba igual de intranquilo, por lo que solamente se abrazaba a su pecho e intentaba volver a conciliar el sueño, con poco éxito ¿Que sería de sus vidas después de eso? Tenía incertidumbre, misma que se vio incrementada una vez que amaneció.


Se fue a arreglar más temprano de lo previsto y en medio de una revolución de criadas en casa todas ordenaban presurosas la casa limpiando hasta l último rincón, debía verse presentable a la llegada de la niña y él debía estar listo... Esperaba en los portones con apariencia inmutable aunque por dentro estuviera muriendo de ansias por la llegada del carruaje que le pondría a cargo de la niña que desde el principio había sido una responsabilidad de la que intentó huír... Miró a lo lejos un carruaje y sabía que no podía tratarse de otro, ese debía ser.

El ojiverde se encontraba en la habitación, algo le impedía hacerlo, después de todo no tenía por qué estar presente cuando le "entregaran" a la niña a Alexander, pero la curiosidad lo estaba matando y simplemente no podía dejar al castaño solo en un momento como ese, no se sabía exactamente cómo iba a reaccionar.

Cuando se escuchó que se acercaba un carruaje, Dion bajó rapidamente sin perder la elegancia y se encontró en la impecable estancia en menos de lo que pudo imaginar, un par de criadas estaban cerca de la puerta, ya que Alexander estaba frente a ella y las pobres mujeres no podían estar a menos de tres metros de su presencia.


Alexander volteó a mirarlo sin mirar realmente, tenía los ojos mirando un futuro incierto, al detenerse la carroza seguro que su corazón también lo hizo. La niñera bajó, una pequeña y delicada chica de no más de 15 años seguramente, apenas si miró con miedo al castaño y después habló a la niña -Cheriè, baja... aquí está tu padre- Le llamó con cuidado.

Spoiler:
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La pequeña rubia se asomó tímidamente y al mirarlo sus ojos se iluminaron ¡Era igual al de la pintura que le mostraba su madre! Sin embargo tenía miedo por alguna extraña razón, por lo que a pasos lentos llegó a pararse atrás de la chica y se aferró a su falda asomándose a mirar -¿Marie?-

-Tranquila, él cuidará de ti- Le dijo la chica quitándose a la niña casi histérica en sus movimientos y haciéndola avanzar a la fuerza frente a Alexander -Aquí está, y esto también...- Le dijo dándole un par de hojas, acta de defunción de Sophie y el acta de potestad. -Cuide de ella señor...- Dijo finalmente.

Alexander observó todo sin decir una palabra, apenas si asintió al saludo de la muchacha y miró a la niña como si fuera un espécimen extraño en el paisaje, mecánicamente recibió los papeles y asintió de nueva cuenta reaccionando a hablar, obligándose a ello. -Señorita... gracias...- Dijo sin más mientras le ayudaba a subir al carruaje casi atropellando a la niña a su paso. El cochero bajó las pertenencias de la pequeña que eran apenas un par de miserables maletas, seguro que tiraba todo así como había venido pero igual hizo que las metieran a la casa con una seña. El carruaje se fue y Alexander miró a la pequeña sin saber que hacer.

Las enormes orbes de la niña le miraban con miedo y apenas si se apartó a su paso, estaba temblando del miedo, el quedarse sola en esa enorme casa con desconocidos no era lo mejor de aquella situación. Al ver aquella mirada extrañada del señor de la pintura retrocedió un paso asustada y echó a correr por la calle sin fijarse a donde, imprudente como cualquier chiquillo de su edad, estaba asustada, sólo podía escuchar su mente gritando: CORRE!!

Dion, quien había mirado todo desde donde estaban las criadas reaccionó rápidamente. -¡Alex, la niña!...-Le gritó mientras intentaba salir de la casa, casi arrollando a las sirvientas en el trayecto.
Parecía que el castaño lo había ignorado o no lo había escuchado siquiera pues ni siquiera se movió. ¡Dejen todo ahí con un demonio! ¡Corran!...- Les gritó a las mujeres que aún llevaban en las manos el par de maletas de la niña y salió corriendo, la pequeña esquivaba a las personas como podía y corría de manera errática de un lado para otro, por lo que no fue muy difícil alcanzarla antes de que se hiciera daño o algo le pasara.

La tomó del brazo para que se detuviera, intentando no ser muy brusco, ella se volvió a mirarle... estaba muy asustada y lloraba, sus mejillas se habían sonrojado por el esfuerzo, era rubia y tenía los ojos verdes, tan verdes que hizo que Dion se conmocionara. ¿Por qué había salido tras ella?... Las criadas llegaron a su encuentro unos instantes después.


Alexander apenas si reaccionó con habilidad, atinó a recibir las maletas de manos de las criadas mirando a la niña esa correr, pero al ver a su Dion adorado correr tras ella se quedó boquiabierto mirando fijamente cuando al fin le había alcanzado. Al parecer no se llevarían mal...

La niña a pesar de tener los ojos verdes miraba como su padre, analítica, observando rasgo a rasgo al ojiverde, aquellos ojos le recordaron a los de su madre y rápidamente se sintió segura de nuevo. Se abrazó a su pierna con fuerza frotando a su rostro contra la ropa ajena -¡Mamá!...- Exclamó bajito. No sabía lo que le había pasado a su madre pero lucía bien, le quedaba eso de ser un chico de repente. ¿Al fin había llegado su padre como había prometido? Ahora entendía porqué nadie le explicaba lo que había sucedido, ¡Era cosa de magia! ¡Como los cuentos que le leía Marie!

¿Había escuchado bien?...Se indignó al ser comparado con una vil mujer pero intentó no expresarlo o la haría llorar de nuevo ¿Por qué siempre le pasaban cosas como esas?...Abrió los ojos como platos y la miró de nuevo, tenía la mirada de Alex, por muy dulce que llegara a parecer. ¿Había pensado en ella como "dulce"? Estaba condenado...

La abrazó un poco, intentando ser lo más amable que la situación podía ameritar, a pesar de que la niña era de origen español, hablaba y entendía muy bien el francés, por lo que no condenó la ineptitud de su madre en ese aspecto. -Va...mos a la casa- Le dijo más que perturbado, tomándola de la mano y aniquilando a las sirvientas con la mirada, eso de los espectáculos públicos le parecía indignante.

Cuando llegó frente a Alexander lo miró como diciendo "¿Ves lo que ocasionas?"


Alexander metió las maletas refunfuñando en sus adentros de lo que le esperaba, si esa niña estaba tan loca como su madre iba a tener que corregirlo... salió y chocó con las orbes verdes irritadas de parte del ojiverde, abrió grandes los ojos como sin esperarse aquello ¿Pero qué pasaría? Las sirvientas venían con una cara que revelaba que contenían estallar en risas. La niña aferrada a la mano ajena y él... ¡No entendía ni un carajo y eso le desesperaba. Hizo una señal violenta a las sirvientas de que entraran rápido y grititos de espanto sonaron casi al momento mientras echaban a correr dentro -¡Sigan con lo que hacían!- Ordenó mientras se adentraba y la puerta se cerraba después de su paso. Su mirada decidida no dejó de enfocar a la niña como fiera a su presa y entonces le tomó de la ropa sin problema alguno levantándola en el aire y acercándosela al rostro para observarle mejor como si se trataba de calar la calidad de un nuevo animal adquirido. Le miró analítico y a detalle mientras intentaba evitar la mirada de pánico de la niña que no pudo ni reaccionar a eso tan extraño que hacía su ¿padre?...

"Vaya...si se parece a mí, menos mal..." Pensó con alivio en sus adentros ¿Qué tal si no fuera su hija realmente? ¡Vergüenza pública! La depositó en el piso con seriedad -Aquella sirvienta te mostrará tu habitación...- Dijo secamente mientras desviaba la mirada a su botella de coñac que estaba lista en su sala para cuando tuviera deseos suicidas. Se acercó a esta sirviéndose un trago casi desesperado.


La pequeña escuchó a Alexander y parecería que de nuevo rompería en llanto,  era magnífico con los niños... la niña volvió a aferrarse a las ropas de Dion, aterrada. -Mami, no quiero...-Le dijo en un susurro bastante audible incluso para Alexander, Dion se le acercó antes de que pudiera ponerse a llorar otra vez, se hincó frente a ella. -Está bien, necesitas asearte y cambiarte de ropa, después puedes bajar a desayunar...ella te ayudará-Le dijo con media sonrisa mientras le señalaba a la criada que esperaba por la niña, esperó un poco a que accediera. -Anda, debo hablar con tu padre...-Le dijo mientras le hacía una seña a la joven para que la subiera a su habitación. "Padre..." La palabra la causó escalofríos.

Al escuchar lo que la niña le dijo a Dion se volteó violentamente para no reírse en su cara y se llevó las manos a la boca intentando calmarse, las siervas al verle bajaron las cabezas para ocultar una sonrisa provocada por el chiste de "Mami" y por la expresión de su apuesto amo que de vez en cuando de que se ponía a beber jugaba un poco con ellas, las más jóvenes claro estaba. Escuchó lo dicho por el ojiverde y de verdad era muy gracioso, seguro que perdía la compostura, fingió demencia ante la palabra padre y se tomó el trago de golpe intentando con todas sus fuerzas no reírse de él.

Ante la acción de Alexander, Dion se puso de mil colores, estaba fúrico. -¡Largo de aquí malditas incompetentes, no saben ni correr, estúpidas!...-Dijo exasperado mientras las mujeres salían corriendo hacia la cocina, si pensaban que sólo Alexander podría gritarles estaban muy equivocadas.

-¡Quiero el desayuno de una jodida vez!- Añadió  y sin mirar a Alexander se cruzó de brazos dándole la espalda, encima de que era su responsabilidad, el ojiverde comenzaba a pagar los platos rotos.


En cuando se perdieron de su vista estalló en carcajadas al igual que aquellas siervas en la cocina. Se fue así, muriendo de risa a sentarse al sillón mientras tomaba a Dion de la muñeca con fuerza para que no se fuera. Le abrazó de la cintura al estar sentado ahí e intentó calmarse lográndolo pero manteniendo una sonrisa, de verdad que no podía mirarlo con seriedad -Dion! No te enojes!- Le dijo levantándose y abrazándole contra él mientras lamía el oído ajeno para despistarle y que dejara aquel berrinche -Lo siento- Se disculpó robándole un blando beso para después mirarle convenenciero -Pero ahora eres su madre, tienes que aceptarlo-

¿Su madre? ¿¡¿Su madre?!?... -¿Cómo osas compararme con esa...?- Suspiró un par de veces antes de perder la decencia. Si la niña lo había reconocido como su madre era por que para su desgracia y como le había dicho Alexander, se parecía a ella.
No forcejeó, simplemente intentó sin mucho éxito, apartar a Alexander con la palma de su mano. -Voy a matar a esas idiotas...-Dijo por lo bajo, si antes no le agradaban por ineptas, ahora las odiaba por idiotas. -¿Sabes cómo se llama al menos?...- Le dijo un poco más tranquilo pero aún molesto por la cuestión.


Le escuchó divertido y no pudo dudar en besarle la mejilla portándose meloso -Basta ya...- Le musitaba mientras buscaba que se calmara, al escuchar la pregunta lo razonó un poco -...Su madre se llamaba Sophie...- Contestó dando a entender que la verdad no sabía. Le soltó desviando la mirada a la botella de alcohol y se sirvió otro trago -Siendo honesto no sé si la niña tenga el mismo nombre o tengamos que bautizarla como perro adoptado- Dijo sin importarle mucho que le oyera.

-Pues podemos ponerle el nombre de su madre y ya está...- Le dijo considerándolo seriamente -O podemos ponerle otro...- Comentó mirando a Alexander para que le prestara atención, si seguía bebiendo las cosas se pondrían aún más tensas. Dion comenzó a pensar en que tenían que comprarle ropa nueva, no confiaba en los harapos en los que traía. -¿Cómo vamos a arreglar el que crea que soy su madre?-
¿En verdad estaba tan loca aquella mujer?...


Alexander le escuchaba y entre más pensaba menos quería saber, se llevó como cinco tragos seguidos y al ver la mirada verde que le reclamaba atención le miró serio -Bien, pongámosle el nombre que sea- Dijo sin más alzándose de hombros -Si ella ya cree que eres su madre, déjalo así, no necesitamos saber porqué diablos cree eso...- Dijo despreocupado ofreciendole un trago -Da igual- Finalizó sin más.

Suspiró,  al castaño no le importaba en absoluto la niña y Dion no sabía con exactitud qué hacer, ni quería del todo, pero alguien tenía que hacerlo y al parecer terminaría siendo él. -Gracias...-Le dijo despreciando sutilmente el trago que el otro le ofrecía, no gustaba mucho de beber y menos cuando había varias cosas en las que debía ocuparse.

-Sé que no te interesa, pero para mi tampoco es fácil...-Le dijo dándose la vuelta intentando no enfadarse, pero el ojiverde se había convertido en madre de un día para otro, por obra del espíritu santo, o algo parecido...

Se dirigió a la cocina, a alguien debía encomendar para que comprara ropa para la niña, no sufriría la vergüenza de hacerlo por su propia cuenta.


Alexander arqueó la ceja al notar que rechazaba el trago y se lo bebió tranquilamente para después tirar el vaso al piso, quebrándose al golpear contra el suelo. -Mira mañana mismo se registra, manda a las malditas sirvientas no tiene nivel de dificultad.- Dijo molesto dando la media vuelta con la botella en mano, iba a ahogarse un rato en su cuarto y eso era claro para quién le conocía... Las sirvientas se asomaron asustadas al escuchar el vaso romperse y al verle enfurecido de nueva cuenta se apresuraron a esconderse de su vista.

-Para ti nada tiene dificultad Alexander, todo termina siendo tan simple siempre...-Masculló mientras se alejaba a la cocina, completamente seguro de que el castaño lo había escuchado. Llegó a la cocina y miró a las sirvientas con ojos fúricos. -Necesito que vayan a comprarle ropa a la niña, la más cara, da igual, tómenle medidas, busquen la forma...- Ordenó más que serio lanzando una bolsita llena de francos, más que suficiente para lo que se le ordenaba. -La quiero para mañana a primera hora a más tardar, no me importa a dónde tengan que ir...-Dijo mientras les daba la espalda y cruzaba la estancia una vez más para subir a su habitación, o quizá a la de la niña, lo pensó por un instante.

Escuchó aquello frunciendo el ceño y subiendo las escaleras todavía más rápido. No podía creer que Dion se enojara por tales insignificancias, nada de eso tenía sentido ¿Estaría molesto por lo que le haya dicho la niña? ¿Eso de llamarle madre? ¡Venga ya! ¡No era tan grave!
Al llegar a su habitación cerró la puerta en un audible sonido brusco y se sentó en su cama a darle un largo trago a la botella, afortunadamente ese día no debía presentarse al tribunal o iría ahogado a dictar sentencia...


Dion terminó  de subir las escaleras, pasó de largo por la puerta de la habitación de Alexander muy a su pesar, le molestaba el hecho de que se pusiera a beber cono si nada, al parecer la única forma que encontraba para evadir su responsabilidad era esa...Siguió por el pasillo hasta su habitación, la cual también ignoró pues había algo más que le preocupaba en ese momento, avanzó hasta lo que antes era una habitación de huéspedes y que ahora era de la pequeña, abrió sin más y la imagen de la pequeña al verlo se iluminó por completo. -¡Mami!...-Gritó desde los brazos de la sirvienta, Dion consideraría seriamente en nombrarla su nana o algo por el estilo. Él simplemente la miró, extrañamente notó en ella una extraña mezcla entre Alexander y él que lo hizo estremecerse.

Alex seguía bebiendo como si no hubiera un mañana, la verdad es que le daba igual por ese día lo que fuera a suceder, no quería pensar. Todo era complicado una vez que Dion se hacía el difícil ¿Qué tenía de malo tomar a la ligera a la niña por lo menos por ese día? No era como si se acabara el mundo por eso. Tenía otro par de botellas bajo la cama y eso era algo, que pensaba, era un secreto pero que seguro Dion ya sabía de ello. No había secretos para el castaño y menos algo que se dejara a la mano en los interiores de esa casa. En cuanto se sintiera con más valor iría a ver a ese par…

Dion se limitó a cargar a la niña, aún bastante extrañado ante las actitudes de la pequeña, era sumamente expresiva, se podía decir que hasta amorosa, lo asustaba a ratos. -Monsieur Dion ¿Podría terminar de vestir a la niña? Ha estado muy inquieta, cree que soy la mujer que la cuidaba en su otra casa...-Le comentó a Dion bajando un poco la mirada, como intentanto evitar la reprimenda de este. Era a la que al parecer le causaba menos gracia el asunto de que la niña pensara que él era su madre, quizá ya consideraba la idea de que también estaba trastornada.

El ojiverde respiró profundo, como analizando la situación. -Está bien... saca algo de ropa de su maleta, cuando lleguen las otras criadas con la ropa podemos tirar todo eso...-Le dijo llevando a la niña hasta la cama, dejándola de pie para poder terminar de vestirla, traía puesto un pequeño camisón semejante del de una muñeca, y sus cabellos rubios seguían húmedos por el baño.
Rogaba a todos los dioses no tener que saber nada de Alexander al menos por un rato.


Alex se levantó como pudo de la cama ya lo suficientemente ebrio como para no importarle cuando las siervas se arremolinaron a su alrededor una vez salió de la habitación, le decían algo así como “No se salga” Pero la verdad es que no les prestó mucha atención. Caminó trastabillando a la habitación de la niña –¡Largo!- Les ordenó a las molestas mujeres que gritaban traumadas que no entrara a ver así a la niña. Mujeres ilusas. Abrió la puerta con brusquedad y miró a la chiquilla fijamente antes de avanzar a pasos algo torpes hacia ellos, a Dion a penas si lo miró, estaba ofendido con él acordándose incluso ya ahogado de ebrio. Tomó el rostro de la niña con ambas manos y besó su frente portándose meloso –Hija…- Dijo buscando que le mirara a los ojos –Pon atención…-

Dion lo miró extrañado cuando entró a la habitación, después de unos instantes supo que estaba más que ebrio, por lo que no dijo nada, sería imposible intentar lidiar con él en el estado en el que se encontraba, simplemente se quedó junto a ellos por si la niña volvía a asustarse.
La pequeña miró a Alex como analizando la situación, tenía el aire calculador de él, era impresionante para la edad que tenía. Dion se cruzó de brazos y se sentó en la cama, no tenía idea de qué haría Alexander en una situación como esa, apenas y podía mantenerse en pie.


-Este ángel que vesh aquí, esteeh- Señaló a Dion empujándole la frente con el dedo índice sólo por molestar -Es el hombre que amooh hija, yo loo amo. ¡Aunque ahora me odie!- Dijo sollozando un poco en esas palabras -Pe-pero, no es tu madre... ¡¡Tu madre se murió hija!! Tuvo un accidente ¿Pero sabesh? Yo AÚN me siento muy malll por lo que lesh hice a ustedes... yoh...- No podía hablar, la abrazó con fuerza contra él ocultando su rostro en el pequeño pecho ajeno. Su conciencia se lo reprochaba y ahora que estaba ebrio no podía evitarlo.

Dion abrió los ojos como platos ante todo lo que Alexander decía ¿Cómo podía decirle todo eso a una niña tan pequeña? ¡Le causaría traumas de por vida! Más de los que ya cargaba la pequeña consigo.

-Alex no creo que debas...-Le dijo bajito mientras el otro seguía haciendo su "escena", y el dramático era el ojiverde.


La niña lo miraba desconcertada mientras buscaba la mirada de Dion, algo que le dijera que su padre estaba desquiciado y estaba mintiendo, algo que le dijera que su "mami" no era hombre.

Alexander se levantó de donde estaba soltando a la niña y mirando a Dion tambaleandose ligeramente apenas si mirándole haciendo los ojos como si mucha luz le impidiera verle el rostro -Miiira! Mira hija qué hermoso estaah!- Dijo mientras lo abrazaba contra el con mucha fuerza y a la fuerza, porque pareciera que Dion no estaba muy contento de abrazarlo -¡¡Él es tu madre!! ¡Por él estas en este mundo! Por estos ojos verdes... que me atormentaban incluso lejosh de él...-

-Alexander... me estás lastimando...-Le dijo bajito, casi en quejido por que lo estaba asfixiando, que estuviera ebrio hacía que no midiera su fuerza y que Dion pagara las consecuencias. -Tu padre está feliz de verte Cheríe...-Le dijo a la niña para hacer que no llorara, le diría lo que fuera, incluso admitir que era su madre, con tal de no agregar más tensión a la escena.
Mientras intentaba zafarse del agarre de Alexander, escuchó lo que decía... era verdad, no le había engañado por gusto, fue entonces cuando dejó de pelear por separarse de él.


Alexander al sentir que dejaba de rehusarse, terminó por soltarlo y alejarlo de sí. Ya no era divertido si dejaba que lo hiciera, miró a la niña de repente como desconociéndola y se salió de la habitación trastabillando un poco, se iría a embriagar más, se le había olvidado su botella, la necesitaba para seguir un poco fuera de la realidad o al menos viendo las cosas de un ángulo menos doloroso.

Miró a Alexander alejarse, salió de la habitación a tropezones, después fijó su atención en la pequeña, parecía menos consternada que cuando llegó a la mansión Armengaud, por lo que al menos iban por buen camino. La que sería la próxima nana de la pequeña entró a la habitación, algo asustada pues había tenido que huir debido a la abrupta entrada de Alexander. -Hazte cargo de la niña, péinala y dale algo de comer...- Le dijo, para después seguir a Alex a través del pasillo, conociéndole, bien podía matar a alguien.

-Angel... tu no me shigaas...- Musitó mientras le escuchaba acercarse y se metió a su habitación intentando cerrarle en la cara a Dion, lo adoraba pero odiaba el hecho de que tuviera que soportarle ebrio, como que no era un relato muy agradable ese de "Y es tan adorable cuando se embriaga..." Tampoco estaba a gusto con la pequeña pelea que habían tenido y sabía que se iba a poner muy meloso, quizá un poco insoportable en ese estado. Fue a tirarse en su cama con un puchero pintado en el rostro, odiaba pelear con Dion porque ahora seguro que le negaba estar con él en la noche, y pues tenía un problema con eso, era adicto al sexo no podía parar una vez que comenzaba con pensamientos de ese tipo.

Dion ignoró por completo el comentario de Alexander, lo siguió hasta su habitación, le dedicó una mirada de ofensa cuando intentó cerrarle la puerta en la cara, por lo que el castaño desistió de hacerlo, se tiró en su capa como si de un niño pequeño regañado se tratara. Dion entró cruzado de brazos, más que ofendido.

-Alexander... ¿Qué no comprendes que esa niña ya está lo suficientemente perturbada?...-Lo cuestionó, quizá no eran los más adecuados para hablar de un tema como ese, pero es que la pequeña era demasiado joven.

-¿Qué pretendes hacer?...- Le dijo, se estaba exasperando, Dion había hecho todo lo posible por admitir en su casa a una niña que no tenía nada que ver con él, sólo por que Alex se lo había pedido, y el castaño no estaba cooperando.


-¿Piensash todavía que somos uno, ángel mío?...- Le preguntó tirado ahí con la vista en el techo, de repente tuvo uno de esos típicos ataques de furia y se sentó en la cama jalándole de las ropas y tirándolo junto a él como si fuera un muñeco de trapo, se subió encima mirándole a los ojos -¿¡Qué es lo que piensas?! ¿¡Qué mierdas quieres que haga si el error está hecho?! ¡Respónde a la pregunta, maldita sea!- Le giró mirándole de un modo aterrador, pero obviamente esos ataques los tenía de vez en cuando, no era como si espontáneamente de un día para otro estuviera tan loco.

Dion apenas comenzaba a procesar la primer pregunta, por lo que se sobresaltó cuando Alexander cambió de humor tan repentinamente, se halló tirado en la cama, con el castaño encima de él, gritándole. Se sintió indefenso, Alexander era demasiado imponente...
-No lo sé Alexander... no lo sé...-Le dijo esquivando su mirada mientras la perdía en algún lado de la habitación, sus verdes orbes comenzaron a aguarse, cosa que Dion no pudo controlar ¿Por qué se encontraba tan jodidamente sensible? -Suéltame...-Le dijo bajito, revolviéndose un poco bajo su cuerpo, no quería más peleas... después de todo si había sido una mala idea seguirlo.

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Re: Gran lío, pequeña Armengaud... (Alexander, Dion, Sophie)

Mensaje por Alexander L. Armengaud el Lun Mar 03, 2014 11:21 pm

Alexander negó con la cabeza y le siguió tomando de esa forma mirándole de esa particular forma aterradora con la que veía a sus víctimas, al verle sufrir sólo sintió un ligero escalofrío de placer, se acercó a besarlo a la fuerza mientras comenzaba a tirar de su ropa para romperla y desnudarlo bruscamente, gruñó del deseo que sintió al sentir que se resistía -¡Ahh!...- Bajó por la piel que iba exponiendo con esa violencia repentina y chupó uno de los rosados pezones mordiéndolo después, bajando a húmedos besos por su piel, destrozó toda la ropa ajena con ambas manos como si estuviese hecha de papel haciéndola jirones, besó su cintura y ese vientre bendito subiendo en una línea casi perfecta que marcó con su lengua por su cuerpo hasta llegar a su cuello mordiéndolo y tomándolo de los cabellos para que dejara de revolverse y tomar sus labios de una forma voraz y fiera, se colocó en medio de sus piernas tomando uno de sus muslos con brusquedad y al fin acomodándose del todo -Vas a ser mío una y otra vez, siempre... me perteneces Dion, sólo a mí...- Le gruñía bajo recorriendo su cuello a mordisqueos hasta llegar a su oído -Mío...- Musitó molesto por última vez -No importa donde te encuentres, no importa lo que hagas, lo que digas... Tu piel siempre será mía, responderá a mis manos, vibrará ante mis caricias... Incluso con esa niña aquí, no voy a dejar de follarte donde se me antoje y cuando se me antoje ¿Me escuchaste?...- Le musitó mientras acariciaba la piel ajena con ambas manos en caricias toscas. Se detuvo por un momento quedándose mirándolo fijo permaneciendo sobre él -Pero debes saber una cosa- Tomó su barbilla y lo obligó a voltear la cabeza hacia él para que lo mirara -¡Mírame Dion!- Le exigió pegando su frente a la ajena -Esa niña está aquí por ti, ¡Todo lo que hago siempre es por ti! Así que te pertenece... tal y como yo mismo... Te amo ángel mío... Te amo...- Le dijo cerrando los ojos con fuerza y tomando sus muñecas para aferrarlas con una sola mano sobre su cabeza con una fuerza sobre humana. Bajó a depositar un beso en su mentón y luego sus labios se deslizaron sobre su piel abriendo la boca al llegar a la parte más baja de su cuello mordiéndolo con fuerza hasta escuchar un quejido, lamió la sangre que obtuvo de aquellas heridas y fue cuando lo soltó y lo miró con severidad y algo de sangre en los labios, no dijo nada más ni lo tocaría contra su voluntad, no sabía lo que le ocurría ahora, si estaba molesto o aturdido con el amor que le tenía a Dion, el alcohol ponía las cosas muy confusas y era mejor que se quedaran así esa noche por el bien de todos. Se retiró de la cama con un brusco movimiento y sin mirar atrás caminó a la puerta dejándolo allí para que pensara las cosas mientras él podía seguir embriagándose en la sala.

-FIN DE LA ESCENA-

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