Notre Dame
Corre el año de 1482 en París, la Santa Inquisición se encuentra en apogeo debido a que gran parte de la península ibérica ha sido dominada por árabes. Las persecuciones han ido en aumento debido a la gran cantidad de gitanos que han emigrado a París, huyendo de la caza de otras regiones europeas.

En España se ha desatado una masacre antijudía por edicto real, todo aquél judío que no esté dispuesto a convertirse al cristianismo, será ejecutado. El establecimiento de una unidad religiosa ha sumado al clero para trabajar junto a la inquisición con la finalidad de erradicar las sectas, la herejía y las prácticas mágicas, así como cualquier otro sacrilegio que atente en contra de la Corona.

El Tribunal del Santo Oficio le ha otorgado a el Ministro Alexander Armengaud control total sobre las actividades eclesiásticas e inquisitoriales, él es el encargado de perpetuar los intereses de la Corona haciendo cumplir los edictos por medio de los crueles hombres a su cargo.

El pueblo parisino se encuentra dividido; por una parte está aquél sector que simpatiza con los gitanos y desea ayudarlos; y por otra parte están aquellos que los consideran una amenaza porque consumen demasiados recursos y como una plaga se propagan cometiendo actos sacrílegos a diestra y siniestra. El único sitio seguro de París que queda respetuosamente fuera del alcance de la inquisición es la catedral de Notre Dame, en la que se recibe y protege a toda persona que así lo solicite.

El líder gitano Adrien Trouillefou se ha encargado de triplicar el número de gitanos tan sólo dentro de la región parisina, es el epítome de la desobediencia civil y de la ilegalidad, los gitanos se han convertido en una plaga difícil de erradicar para la autoridad debido a su proceder clandestino y a que cuentan con aliados vitales para poder subsistir.

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¿Aniversario?

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¿Aniversario?

Mensaje por Alexander L. Armengaud el Mar Sep 22, 2015 7:34 pm

Una mañana francamente muy común, había salido temprano de casa como todos los días rumbo al tribunal de la inquisición, subió al carruaje totalmente serio e inexpresivo, habían sido días bastante soleados, odiaba el sol... Por lo que prefería largarse a la oficina antes de que el sol se cruzara por su camino. Ese día Dion había insistido mucho en que regresara temprano a casa por alguna extraña razón, gustaba de pensar que le esperaría desnudo, ohh sí, ese pensamiento le hacía mejorar un poco su humor, aunque no lo suficiente como para no ejecutar personalmente uno que otro parisino o sólo torturarlo un poco mientras Amour lo cuestionaba, se divertían bastante aunque obviamente no podían reírse de ello abiertamente hasta salir de la zona de torturas de la gran construcción. Pasó a la taberna tranquilamente antes de llegar a casa pero esta vez le pidió a Jean su botella de vino especial desde el carruaje, haría caso a las insistencias del ojiverde y llegaría temprano, daba igual.

-Gracias, tal vez pase después. Ya no te juntes con escorias, se te va pegar lo idiota- Le advirtió desde la ventana del carruaje mientras le entregaba un par de francos y señaló con un movimiento de la cabeza el interior de la taberna, obviamente se refería a Adrien, se bajaría a corretearlo nada más del coraje que le dio su descaro pero aparte de que perdería la compostura no tenía caso perder el tiempo, Dion era más importante que cualquier cosa. Se despidió con un leve asentimiento y dio un par de golpes con la empuñadura de la espada al techo del carruaje para que avanzara. Tenía la terrible sensación de que algo se le había olvidado, miró en sus documentos y no, traía todo lo necesario para repasar en casa, miró la botella de vino, miró atrás rodando los ojos al notar a Adrien saltando sobre Jean a lo lejos en la calle "Agh, es un ridículo de lo peor..." Pero no, nada de SUS cosas había olvidado... eso sólo significaba una cosa ¿Qué fecha era?... Por dios, lo había olvidado, Amour y Bruno se encargaban de corregir su correspondencia ¿Sería su cumpleaños? ¿El de Anne? ¿Sería alguna fecha festiva? ¡No lo sabía! ¡No interactuaba con esa clase de personas! Pensó algo preocupado y finalmente decidió que olvidaría su paranoia y simplemente llegaría a casa y ya. Cuando el carruaje se detuvo frente a su casa bajó con cuidado y pasó sus cosas a uno de los hijos de las sirvientas, un chiquillo que les había resultado bastante útil y servicial, al parecer estaba enamorado de Aimée no estaba seguro, pero le parecía divertido, pensando en sus primos ¿La fecha tendría que ver con ellos? Un momento ¿Esa era Aimée?

Se detuvo y sólo la miró con duda al encontrársela en el camino con la pequeña de la mano. -¿A dónde llevas a mi hija?- Le preguntó arqueando ua ceja con seriedad algo extrañado.


La rubia le sonrió y acarició su mejilla aunque su primo era tan reacio a los "cariñitos" -Vamos a dar un paseo Alex, ya había hablado con Dion, tengo su permiso, veré a Marc en la plaza, va a haber una feria bastante colorida esta noche, descuida estará segura- Le dijo besando su mejilla -En fin, pásenla bien-

La niña se abrazó a una de sus piernas mientras ellos dos hablaban y Alexander se limitó a acariciar sus rizos suaves -Papi...- Le habló, Alexander bajó la mirada y se agachó frente a ella.
-Pórtate muy bien ¿Vale? Te veré cuando regreses, no te despegues de tu tía por ningún motivo, podrías causarle un gran dolor de cabeza a papá y sabes que eso no es bueno...- Habló con ella intentando tener el "tacto" que tanto había ensayado con Dion, iba funcionando, la pequeña cada vez se acoplaba mejor a él. Asintió poniend sus manitas en el rostro de Alexander y le miró con esos grandes ojos claros que se parecían tanto a los de su ángel "Mira como mi ángel..." Pensó para sí con cariño y depositó un beso en su mejilla -Anda- Le animó. Pero hubo algo que le dejó pensando sobre las palabras de Aimée "¿Pásenla bien?" -¡Aimée!- Le llamó apresurado y su andrógino primo ya estaba en el carruaje,
se asomó con una expresión sorprendida en la ventana -¿Qué? Ay por favor, no me extrañarás ni tantito- Bromeó con él lanzándole un beso-
-Ugh, olvídalo ¡Largo de aquí! Si algo le pasa a mi hija te enviaré a la guillotina- Le sentenció, obviamente hablaba muy en serio. Al fin entró a la casa algo disgustado, las "mariqueras" que a veces le dedicaba su primita le eran un poco incómodas, pero estaba seguro que las hacía al propósito para joderlo, daba igual, venía muerto, le dolía todo y sufría por no saber qué se le había olvidado. -Infórmale que he llegado- Le dijo a una de las criadas sin siquiera mirarla y echarle su gran capa encima.

Dion no se había esforzado tanto para algo desde hacía mucho tiempo, incluso el vitral de la catedral de Notre Dame le había resultado más sencillo que todo aquello, pero después de todo, valía cada trozo de tiempo invertido porque era una fecha sumamente especial, porque un día como esos, Alex le había dicho que lo amaba. Eran muy jóvenes, pero habían pasado por mucho juntos, desde aquellos traumas de la niñes y los golpes de Léonie, hasta la vida que habían logrado construir juntos, con una hija.
Le había tomado semanas saber qué regalarle a Alexander, la comida no era del todo un problema, siempre que hubiera algo de carne y un buen vino Alex era feliz; pero que él tuviera algo especial que siempre le recordara a Dion, ese era otro asunto.Ya le había regalado un par de pinturas y un pisapapeles -el cual, le había jurado que no lo lanzaría por la ventana, después de cierto incidente- y ocupando el más alto rango de la inquisición, eran pocas las cosas que podría llegar a necesitar. Por eso se había visto en la terrible necesidad de consultarlo con Aimée, ahora que ya se llevaban bastante bien, más porque si había alguien más cursi en la mansión Armengaud, era ella. Así fue como se les ocurrió la idea perfecta, después de tachar una lista enorme de cosas, además de que "Dion desnudo" ya iba incluído dentro de la celebración. Fue así como tuvo que realizar una visita al mercado negro, por recomendación de aquél dueño del bar, quien lo guió hacia aquella chica gitana de cabello negro y piel bronceada, quien le dijo que por un precio justo podría obtener lo que quisiera.
Así, la funda de su adoradísima espada, quedó manufacturada y grabada a la perfección; probablemente Alexander ni siquiera recordaba que él mismo había pronunciado aquella simple frase, pero Dion la llevaba tatuada en el alma.
Esa mañana, a pesar de tener todo listo, estaba terriblemente insoportable; no dejaba de dar órdenes y de preguntar mil veces si todo estaba debidamente preparado; hasta había hecho un truculento acuerdo con Aimée para que llevara a pasear a su hija, a cambio de un vestido que seguramente le saldría absurdamente caro, pero a final de cuentas podía costearlo. Se miró una vez más al espejo, con el cabello ondulado cayéndole sobre los hombros, con la ropa nueva y en perfecto estado. Estaba nervioso y no sabía realmente el por qué, pero Alexander lo conocía tan bien que seguramente lo notaría desde el primer instante. En cuanto escuchó el carruaje el corazón le dio un vuelco, tomó el regalo perfectamente envuelto y suspiró, dispuesto a que por ningún motivo se mataría en las escaleras debido a que las piernas le temblaban, ahí le informaron que Alexander había llegado y descendió los peldaños lentamente. ¿Qué se suponía que debía decir? Por todos los Dioses, no había reparado en ello, se limitó a sonreír torpemente, en cuanto las orbes oscuras se posaron en él.


Alexander tenía sus dudas de lo que el otro estaba tramando, la casa rechinaba de limpia, estaba seguro que las sirvientas estuvieron limpiando enfermamente, estaba loco, podía notar esas cosas con sólo echar una mirada porque estaba loco y le pagaban mucho por fijarse en cada mínimo detalle, era obvio que lo aplicara a su vida en general... Subió una mirada insegura al otro, como de duda, pero al verle tan nervioso como él amplió una sonrisa algo desgastada, estaba cansado pero jamás demasiado para él. -¿Qué pasa? ¿Podrías tener la bondad de explicarme? La verdad es que me estoy comenzando a poner algo paranoico- Confesó mientras se acercaba a rebibirle en las escaleras y tomaba su cinturita para bajarlo de allí cargándolo con firmeza evitándole que bajara él mismo los dos últimos escalones, al ponerlo en el suelo le miró con adoración y besó sus labios con su saludo habitual de llegada. -Estás radiante...- Le reconoció acariciando sus cabellos castaños -...y exquisito como siempre- Complementó después de besar debajo de su oído. Siempre (que estuviera de un humor medianamente estable) lo trataba como si fuera el primer día de estar juntos, jamás iba a cansarse de mimarlo cuando al mirarlo reconocía a Dios en el castaño.

-Cálmate, no es una sublevación en tu contra -Dion sonrió con más ímpetu, ya sabía que Alexander lo olvidaría, lo sabía incluso antes de que Aimée lo sermoneara y casi lo oligara a que Marc le dejara algún recadito en la inquisición, alguna pista para que la fecha le viniera a la mente; pero Dion se negó rotundamente, porque fuera de indignarse le conmovíam porque a pesar del tiempo Alexander no cambiaba, podía ser sumamente meticuloso en las cosas que hacía, pero siempre tendía a olvidarse de cosas como esa, quizá simples cursilerías que el otro sí tomaba en cuenta. Por todo lo que pensaba, no tuvo respuesta a su pregunta, pero se aferró como pudo a su cuerpo cuando terminó de bajarlo de las escaleras, entre aquella lista enorme de cosas que le encantaban, una de las principales era que Alex no trataba a nadie como lo trataba a él.
Correspondió aquél beso encantado, un simple roce de sus labios tenía ese efecto de erizarle la piel; ladeó un poco la cabeza sólo para poder escuchar más intimamente su voz, aceptando el cumplido sin decir palabra, era parte de todo el esfuerzo casi titánico había valido la pena. -Cierra los ojos -le pidió casi infantil, robándole un pequeño beso a manera de súplica, y apretando con recelo entre su regazo el dichoso presente, el otro dudó un momento antes de no tener más remedio que acceder. -Feliz aniversario -le dijo bajito, casi como si sólo lo dijera para sus adentros.


Alexander le siguió el juego porque le parecía súmamente adorable cuando se comportaba de esa manera "aniñada", no pudo evitar una sonrisa divertida mientras escuchaba esas palabras, sí, se había olvidado de su aniversario... otra vez, era terrible en esa clase de cosas. Ese par de desgraciados de sus primos... ¿Porqué carajos no le avisaron? Montón de conspiradores... Bajó la mirada una vez que abrió los ojos y observó la perfecta envoltura con una expresión conmovida -Oh mi ángel...- Le musitó acercándose a tomarlo del mentón de forma romántica para robarle un beso un poco más profundo y a consciencia, era su forma de decir "Gracias". Se separó de él lentamente y dudó -Lo has envuelto tan bonito que temo arruinarlo ¿Es algo delicado?- Le preguntó mientras sacudía un poco la caja y después recordó la botella que traía -Yo traje algo- Le comentó sin especificar exactamente porqué pero fingiría por lo menos que ya planeaba llevarle algo y ya. Le silbó al chiquillo que esperaba fuera de los portones a las órdenes de su amo, se precipitó a correr con las cosas de Alexander y se las ofreció sin mirarle a los ojos y con una leve reverencia.
El castaño tomó la botella de vino y se la puso frente al rostro al ojiverde -Toma, es una cosecha muy dulce, en realidad pensaba compartirla contigo...- Eso era verdad, había elegido un vino bastante empalagoso para su gusto pero sólo porque a Dion no le gustaba que predominara el sabor del alcohol en las bebidas y eso lo sabía. No iba a aclarar que no se había acordado pero por lo menos no había llegado con las manos vacías. -Sé que no es suficiente, de igual manera nada lo sería porque no puedo valuar tu compañía por medio de un presente, pero piénsalo así, el fin de semana te acompañaré a comprarte algo lindo. Todo lo que quiera mi ángel le será concedido- Agregó con fervor aunque con sinceridad se había puesto algo nervioso y avergonzado de no haber podido recordarlo, lo adoraba y siempre quisiera cumplirle todas y cada una de sus ilusiones pero a veces su forma de ser le impedía muchas cosas, pese a todo eso siempre ponía su mejor esfuerzo sólo para él, para nadie más mostraría su lado bueno, si aún lo conservaba era por Dion.

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Re: ¿Aniversario?

Mensaje por Dion Armengaud Leblanc el Dom Mar 27, 2016 8:53 pm

-No, todo lo contrario-admitió, le había costado muchísimo trabajo encontrar un regalo perfecto para Alexander, más aún porque no había algo que necesitara y quería a alguien de su completa confianza que pudiera hacer ese encargo, poder grabarla fue la parte más difícil, pero lo había conseguido, la funda de cuero más cara y más pefecta -y con el mejor gusto- que alguien pudiera llegar a usar ¡jamas! De acuerdo, quizá se excedía, pero ya quería ver esa expresión en el rostro de Alexander, cómo sonreía ampliamente y bajaba las cejas, justo como cuando eran pequeños.

Tomó el vino y lo acunó con uno de sus brazos mientras que con el otro le rodeó el cuello, sonriéndole aún más, era el hombre más perfecto de todos, se esmeraba tanto en hacerlo feliz, cuando un simple gesto suyo podía hacer feliz a Dion por semanas completas. -Está bien, está bien, pero ábrelo -le besó la mejilla a manera de súplica, llevaba unas botas con algo de tacón, por lo que no tenía que alzarse de puntas para poder besarlo. -Después podemos brindar con esto...-comentó mientras leía la etiqueta del vino, este aniversario iba mejor que el anterior, donde Alexander había llegado cubierto de sangre -que no era suya- ebrio y con Bruno y Amour cantando sus hazañas aunque había sido divertido, eso no podía negarlo.

La cena ya se estaba calentando -la carne favorita de Alexander- la mesa ya estaba puesta, sobre el mantel nuevo y sólo hacía falta que él diera la orden para que se sirvieran los platillos, era tan meticuloso para esa clase de cosas que hasta daba miedo.
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Re: ¿Aniversario?

Mensaje por Alexander L. Armengaud el Miér Jun 15, 2016 12:50 am

Alexander suspiró y asintió resignado -Muy bien, abriré tu presente entonces- Dictaminó con su seriedad habitual pero aún así se podía detectar que estaba mucho más relajado ahora que sabía de lo que se trataba todo eso, por lo menos todo aquello había sido por una fecha importante. Ahora mismo iba recordando cómo había sido el año pasado y eso le hizo sonreír -Qué lastima no haber traído a Amour y Bruno- Bromeó malicioso mirándolo de reojo y concentrándose en abrir aquello con toda la delicadeza de la que era capaz. Al fin la tela vistosa cedió, y luego la bonita caja de madera ¡Y entonces la vio! Era la funda más elegante de todas, justo había estado pensando en una en los últimos días ¿Pero cómo es que Dion poseía esa telepatía con él? Quizá nunca podría saberlo.

Justo el gesto que esperaba el otro se pintó en su rostro, por un momento el tiempo pareció regresar diez años en esa expresión de ternura y cariño que sólo era para Dion, desenfundó inmediatamente la espada de su cintura y tomando la nueva funda la hizo entrar para observar cómo hacían juego perfectamente, él no daba las gracias verbalmente por esas cosas pero justo al mirarle con un brillo característico en los ojos se podía leer eso y más. Dejó cuidadosamente todo de lado y se levantó del sillón para decirle con voz de terciopelo -¿Cómo puedo yo ser tan afortunado?- Lo tomó de la cintura y atrayéndolo contra él le plantó un beso aprehensivo, después le miró de nuevo y volvió a robarle otro breve beso, no podía evitarlo, se sentía abrumadoramente cursi en ese momento. -Soy muy malo para las fechas, mi ángel, pero quizá todavía puedo redimirme ¿Cierto?- Le musitó muy cerca ladeando el rostro para besar su oído y disfrutar de hacerlo estremecer. -Mmh... huele muy bien toda la casa ¿Estuviste comandando la cocina, cariño?-

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Re: ¿Aniversario?

Mensaje por Dion Armengaud Leblanc el Miér Sep 21, 2016 10:01 pm

-Sí, claro, todo una pena...-ese par ya vivía más en la mansión Armengaud que en su propia casa. Con el tiempo Dion se había habituado a ellos, a su forma de embriagarse -y la diversión que eso conlleva- y a que siempre están juntos y que cuando no lo están es como si les faltara algo.

Los ojos verdes de Dion brillaron ante esa expresión, era como ver a un Alexander pequeño o como revivir esas expresiones que tenía su hija y que le recordaban tanto a él. Suspiró aliviado cuando la espada entró a la perfección en la funda, había tenido que medirla y bocetearla a escondidas porque Alex la llevaba prácticamente a todos lados, incluso cuando se bañaba...y cuando dormían siempre estaba junto a él. -Yo podría decir lo mismo -le susurra antes de corresponder a aquél beso, de esos que le roban el aliento y lo dejan ligeramente atontado.

-Habrá una lista, no te preocupes...-la piel se le eriza con el contacto y vuelve a sentirse como un muchacho recién prendado cada vez que Alexander se comporta así, lo derrite porque conoce cada partícula de su ser, y sin importar lo que haga, Dion siempre vuelve a él. -Ya sabes que esas mujeres son unas ineptas...la casa se les quemaría si no estuviera -le dice mientras pega su espalda a su pecho y comienzan a caminar así, muy juntos. La mesa está servida y las velas encendidas, por suerte no hay ningún Domeq en la casa así que al menos pueden gozar de algo de paz, Dion es un auténtico controlador que goza con la perfección de esa clase de cosas. Se gira y se pone de puntitas para darle a Alexander un beso en el mentón. -Ya debes saber qué es, pero no importa...somos sólo nosotros dos -le musita bajito, es una ocasión especial que lo hace estar de excelente humor, además de un poco más coqueto y seductor de lo normal.
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Re: ¿Aniversario?

Mensaje por Alexander L. Armengaud el Miér Oct 05, 2016 2:00 am

Cuando ese tipo de situaciones se daban en la vida de Alexander no podía evitar pensar que eran como un par de tórtolos recién casados, lo maravilloso de esta situación es que pese al paso de los años la situación nunca cambiaba, siempre volvían a ese momento en el que experimentaban el más profundo amor como si tuvieran la capacidad de volver a enamorarse uno del otro constantemente, una y otra vez sin fin, y siempre se daba que una era mejor que la anterior... Ese hombre de ojos verdes le tenía completamente en cuerpo y alma. -Lo sé, no hablemos de la servidumbre, eso sólo me haría enfurecerme y no queremos amargar tal momento tan valioso, mi dulce ángel- Comentó y su faz se ensombreció por leves momentos mientras pronunciaba aquello y luego simplemente su tono mejoró en algo que pretendía sonar de lo más amable para terminar la frase, por leves momentos la ira se había arremolinado en sus entrañas, no podía sacarse de la cabeza a esa mujer entre la servidumbre a quien quería matar, eso no podía olvidarlo, las ansias de hacerlo a veces podían más que él. Sentir a Dion tan cerca de su cuerpo era algo cotidiano, conocía la forma en la que se movería, cómo caminaba, lo que haría... casi a la perfección por lo que caminar de modo sincronizado prácticamente podía hacerlo a ciegas.

Pudo ver todo lo que había preparado para él y suspiró sonriendo, por lo menos después de tanta sangre y estrés en el Tribunal siempre podía regresar a su único rayo de luz, Alexander veía a Dios cada que miraba en los ojos de Dion... lo miró hasta que consumó ese pequeño contacto y se limitó a acariciar sus cabellos con un aire ensimismado por estos pensamientos en su cabeza. -¿Comida italiana o griega?- Preguntó entonces para tener una pista, le tomó de la cintura y lo volvió a acercar para exigir un beso más demandante, ocupaba de esos contactos para despejar su mente, apartar la ira, y la locura por un momento, sólo dedicarse a su ángel. Después de ese divino contacto se separó y caminó a la mesa, mientras una de las siervas separaba la silla del comedor temerosa y dejaba que el Ministro tomara asiento. Después esperó con un rostro de "corderito asustado" que Dion le diera ordenes, esa expresión en la joven sirvienta francamente arrebató una sonrisa socarrona a Alexander, a saber cómo le había ido anteriormente a esa mujer con su deidad personal, eso le agradó aún más y enorgulleció secretamente.

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